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Liderazgo: partidos, empresas y equipos

No es la primera ocasión en la que damos pinceladas en este blog sobre liderazgo. Sobre cómo afrontar situaciones adversas o cómo evitar esos detalles que tanto dañan a la imagen de un político. Y es ahí donde reside la diferencia. Qué buscamos ¿líderes o políticos? ¿Son todos los políticos verdaderos líderes? ¿Deben serlo?
La respuesta es un rotundo 'no', pero lo cierto es que poseer este tipo de habilidades ayuda tremendamente a la gestión de equipos y cuánto más, a la hora de dirigir todo un país.
Un dirigente puede ser un cabeza de lista pero puede carecer de carisma o de liderazgo. A Zapatero o a Aznar se los tachó en su momento de carecer de liderazgo. Al leonés, incluso, lo llamaban 'Sosoman' en los olvidados guiñoles españoles. No fue el caso de Adolfo Suárez o Felipe González que contaban con una enorme capacidad de empatizar con el electorado y de despertar sus simpatías. En el caso de Rajoy, su liderazgo en el seno del partido era puesto constantemente en duda.
Pero, empecemos por el inicio ¿qué es realmente un líder? Entenderemos por tal a una persona que no sólo dirige, sino que también posee la legitimidad y el respaldo para hacerlo de una manera convincente y respetable. Alguien a quien tomar como referencia en un momento de incertidumbre.
Los líderes no se hacen. Un asesor no puede dotar de carisma a un político o a un directivo, pero puede orientarle sobre cómo conseguir una mayor legitimidad. Una persona puede poseer buenas dotes para el mando y sin embargo, no ponerlas en práctica. 
A efectos prácticos, en el ámbito privado también surgen estas incertidumbres. Directivos que quieren mejorar su capacidad para motivar a sus equipos y sentir su respaldo acuden a libros de 'coaching' que en ocasiones no satisfacen del todo sus espectativas. Estas cuestiones, con las debidas cautelas, pueden ser extrapoladas al ámbito político, a los dirigentes en el seno de una organización o partido.
Entonces ¿qué hacer? Si hay algún mecanismo que pueda resumir la base para un buen lider, éste podría ser 'sé el cambio que quieres en los demás'. 
Un director de departamento no puede exigir puntualidad si llega cada día tarde. Ni compromiso, si no persevera en lo que hace. No está 'legitimado' para hacerlo, al igual que un líder político encontrará dificultades para exigir sacrificio mientras viaja en business. No se puede pedir consenso si realmente se muestran actitudes arrogantes, ni cercanía si se le ponen vallas al Congreso. 
Como decíamos al principio, los buenos líderes precisan de algo innato que les proporcione esa 'chispa' que les hace especiales, pero la aplicación de algunas máximas, pueden ayudar a que, al menos, se posea el respaldo suficiente para afrontar los reto con mayores garantías. Plantearlo es un paso necesario de cara a establecer una estrategia sólida de dirección.
Estas cuestiones son aún más importantes en momentos de crisis. En los que el contexto adverso hace posible la aparición de liderazgos alternativos, como tristemente hemos visto en las últimas elecciones francesas o griegas, con el ascenso de líderes carismáticos.
Así pues, merece la pena reflexionar sobre este aspecto y sus consecuencias a corto y medio plazo. Sus consecuencias, tanto en lo público como en lo privado, pueden resultar provechosas. El establecimiento de ciertas pautas podría ahorrar mucho capital político a los principales partidos y mejorar la gestión de equipos consiguiendo una mayor implicación y más posibilidades de éxito.

2 comentarios:

Ian Pérez dijo...

Interesante artículo... Liderazgo: el que no tenemos desde el añorado Felipe. Una lástima... Y, no obstante, no puedo dejar de preguntarme por el carismático (y, hoy, desgraciado) Barack Obama. ¿Es posible subsanar la desconfianza inherente a nuestros líderes con pautas? ¿Precisamos de un Obama a la española? ¿Por qué Anguita o Tierno Galván tenían el magnetismo que hoy echamos en falta? Abrazo

J. Pedro Marfil dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Se precisan líderes honestos, capaces de reconocer errores, capaces de dar ejemplo, de afrontar una crítica, de no esconderse tras el 'y tú más'. Líderes capaces de unir, de mostrar unos objetivos y un camino que andar juntos. Se precisan líderes comprometidos con sus ciudadanos y no con sus partidos, líderes capaces de hablar delante de una cámara y hacerlos sin esconder nada. Líderes que no tengan un pasado al que temer ni del que avergonzarse. Líderes, en definitiva.