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La esfera local de la comunicación política

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Las administraciones locales viven en un constante ‘limbo’ bajo la tutela de las comunidades autónomas y el estado. El sistema administrativo español las configura como una suerte de ‘hermanos pequeños’ de las comunidades autónomas, con muchas responsabilidades que afrontar y pocos recursos para gestionarlas.
La actual coyuntura económica supone un nuevo hándicap para las corporaciones locales. ¿Saben realmente los ciudadanos cuáles son sus competencias? ¿Cuál es su capacidad y responsabilidad? Estas y otras cuestiones son algunos de los temas a los que muchos responsables políticos se están viendo obligados a dar respuesta durante los últimos meses.
J. R. Mora
Las administraciones locales poseen una exposición directa al ciudadano.  Sienten de primera mano las inquietudes y problemas de los municipios y en ocasiones, el desconocimiento provoca que las quejas o reclamaciones que no están en manos de entes superiores, recaigan sobre estos. Si a esto se le suma el actual contexto político-económico y social por el que pasamos, en el que las administraciones son miradas con recelo, la creciente desafección, y el predominio mediático de  noticias de corte pesimista, logramos acercarnos al complejo panorama que tienen por delante los entes municipales a la hora de gestionar su desgaste a lo largo de una legislatura que encara el trayecto hacia su ecuador.
En este panorama, de incertidumbre, pesimismo, recortes, facturas sin pagar, nuevos impuestos y dificultades; la política local se encuentra ante el reto de reinventarse para continuar mantener a los ciudadanos al tanto de su gestión y de sus competencias.
A todo esto se puede añadir una dificultad más: la ausencia de canales a través de los cuales comunicar a los ciudadanos en el ámbito local, sobre todo si tenemos en cuenta a pequeños municipios y a medianos que no son capital de provincia y que no cuentan con medios de comunicación implantados a pequeño nivel.  En este sentido, la combinaciones de canales tradicionales de comunicación (incluyendo la comunicación personal) con una buena estrategia de comunicación on-line, que evite intermediarios y que cubra aspectos a los que los medios no llegan, resulta muy conveniente.
No sólo es necesario determinar si llevar o no a cabo determinada política sino explicar de manera convincente los motivos por lo que se ha tomado tal decisión. Evitar el desgaste que supone la gestión a nivel local en tiempos de crisis, supone un reto inherente al mandato no sólo para los líderes políticos, sino también para sus equipos de comunicación. En este contexto cobra una especial importancia dos recursos básicos de toda organización: la coherencia y la cohesión.
La comunicación de la gestión se configura como un auténtico arma para combatir este desgaste. Que los ciudadanos sepan cómo se gasta su dinero, por qué se toman unas decisiones y se desechan otras y que se haga a través de argumentos cercanos, creíbles y sostenibles supone el logro a conseguir.
Mantener a todo el grupo motivado, desde secretarios municipales hasta alcaldes pasando por personal administrativo, es una baza importante. La proyección que ellos hagan de la gestión local dirá mucho a los ciudadanos. Ser consciente de ello y trabajar por cohesionar los equipos de trabajo manteniendo su unidad puede ser clave para afrontar la situación con mayores garantías.
Uno de los elementos que más valoran los ciudadanos es la coherencia y más en los tiempos que corren en los que muchos ven la actividad política con cierto recelo. Aprobar recortes y pedir esfuerzos a los ciudadanos pasa porque los líderes locales den ejemplo de ello. Mostrar pequeños gestos palpables para proyectar lo que se exige es un buen inicio. No ostentar, huir de la pompa e intentar acercar en la medida de los posible, los procedimientos al ciudadano medio son parte del procedimiento. Conseguir convencer de que las decisiones giran en torno al bien común es el gran reto. 


Campaña electoral francesa: errores y aciertos

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Ganó Hollande. La campaña de los socialistas franceses ha sido de manual. Nada espectacular, nada estridente. Sabían que tenían que agrupar al electorado desencantado (sobre todo de centro) y conseguir movilizar a su electorado, que se mantiene disciplinado durante las elecciones regionales pero que se ha mostrado en las últimas décadas un poco menos activo.
El Mundo | AFP
Hollande comenzó la campaña lleno de fuerza, con un discurso prometedor, lleno de fuerza e ilusión para intentar mostrar una perspectiva diferente de la política francesa, para intentar mostrar que hay una manera distinta de hacer las cosas. Le changement c'est maintenant, el cambio es ahora. Ese fue su lema de campaña. Otra vez el cambio, pero en esta ocasión, la identificación era real. Hemos hablado en otras ocasiones de lo manido de ciertos mensajes y de la necesidad de que estos sean coherentes con la campaña. En este caso, lo era. Hollande no tiene experiencia de gobierno a nivel nacional, ni un liderazgo con demasiado recorrido en el partido socialista (motivo de inquietud entre su propio electorado). Decimos esto, porque hemos visto cómo en España se han dirigido campañas con el claim del cambio mientras sus dirigentes ya habían tenido experiencia de gobierno o proponían políticas ya aplicadas anteriormente. 
En este caso, como en el de Obama en EEUU o Cámeron en Reino Unido. Políticos nuevos, políticas nuevas. 
Por su parte, Sarkozy, cometió varios errores durante la campaña. 
  • Confianza: Como mandan los manuales, Sarkozy lanzó su campaña más tarde, dejando incluso  ciertas incertidumbres sobre si se presentaba o no. Cuando finalmente decidió que sí lo haría, pensó que podría compensar las diferencias y superar a su rival antes de la primera vuelta. Pero Hollande supo administrar cada día de campaña, cada situación y cada discurso. 
  • Nervios: cuando vio que las diferencias no se reducían, 'mimetizó' su discurso con el de su rival. Fue cuando aseguró que propondría medidas de crecimiento en la UE. El problema de adaptar tu discurso al de tu oponente en política es que, si el contrario la lanzó antes, tiene más credibilidad que tú. A esto se añade la tradicional dificultad que se adquiere cuando esto se realiza desde el gobierno y la más que aceptable duda ciudadana de '¿por qué no lo hizo antes?'. 
  • Público equivocado: La campaña de UMP pareció desde el inicio dejar en segundo plano a los electores de centro. Sabían de la fuerza de Le Pen desde el inicio y trató de restarle fuerza. Pero el electorado de Frente Nacional es un electorado desencantado y dificilmente es recuperable. Más accesible era el electorado de centro y sin embargo, se le dio menor importancia. 
  • Radicalización. Como decimos, dado el público seleccionado, Sarkozy radicalizó su discurso. 'Es un honor ser llamado fascista por un comunista'. Esa frase, que pasó a titulares y creó titubeos en sus seguidores, no era necesaria. 
Pero no todo fueron errores en la campaña. El líder de la UMP gestionó muy bien su actuación durante los terribles atentados de Toulouse (semana en la que repuntó en intención de voto), eligió un buen eslogan para su campaña, supo comunicar su labor de gobierno y movilizó a su electorado. La muestra de que no hizo tan mala campaña es que el resultado de la elección final fue el más ajustado de los últimos años. 
Hollande deberá ahora, además de gestionar al país, gestionar las expectativas que se han puesto en él ya no sólo en el país galo, sino en buena parte de Europa. Los franceses eligieron a Nicolás Sarkozy para que gestionase la crisis y ahora parecen haber elegido a Hollande para que les saque de ella.